Carta de amor a Westworld

Y seguimos con metaficción. En este caso la de una serie que me encanta: Westworld.

Westworld es una serie de televisión de ciencia ficción y suspense creada por Jonathan Nolan y Lisa Joy para HBO. Se basa en la película Almas de metal de 1973, que fue escrita y dirigida por el novelista estadounidense Michael Crichton, y su secuela Futureworld, 1976.

El argumento es el siguiente: en un futuro no especificado, Westworld, uno de los seis parques temáticos operados por Delos Inc., permite a los visitantes experimentar el Viejo Oeste en un entorno poblado por anfitriones, androides programados para satisfacer todos los deseos de los huéspedes.

Pero esto no es lo importante.

Lo que pretendo hacer aquí es contaros por qué es una serie tan especial. Qué es lo que yo he visto que ha hecho que se gane un hueco en mi corazón por encima de otras series como Juego de tronos, que lleva muchas más temporadas que Westworld, ¡y que es de fantasía! Para ello, voy a hablar de tres personajes que me gustan especialmente, y con los que me identifico. Hay series donde ningún personaje cae bien al espectador, y eso a mí me provoca indiferencia, o al menos cierto desinterés por la trama, cosa que en Westworld no pasa. Ni por asomo. Y por si esto no fuera suficiente, la historia que cuenta te hace pensar, y no sólo pensar, también sentir, porque las reflexiones que hace, al menos a mí, me tocan la fibra sensible, valga la redundancia. Cuando la empecé a ver me llevé una grata sorpresa, y sólo con el primer capítulo. Nunca había visto nada igual, al menos en una serie. Y qué decir de su factura técnica, con la que iguala y supera a muchas películas. Hace poco terminé de ver la segunda temporada, y aunque su calidad es menor comparada con la primera, tal como me imaginaba, sigue teniendo puntos muy interesantes.  

Westworld es tan enorme como sólo podría serlo una serie, pero no en cuanto a duración, no. Eso aún está por ver. Sino en cuanto a la densidad de la propia historia. Esta es tan grande como el propio parque. Como un videojuego de mundo abierto. De ahí su originalidad. El espectador, aunque no tiene el control, se siente como un huésped en Westworld, sólo que con una visión más amplia de todo lo que sucede alrededor, y por eso está más desconcertado. De hecho, a veces somos también como los anfitriones que desconocen el mundo exterior, el cual no es interesante. Esto es arriesgado porque con tanta complejidad y giros argumentales, algunos capítulos no ayudan a sacar mucho en claro, y el espectador puede perderse ciertas cosas si no presta atención. No obstante, yo me decanto, como ya he dicho, por el carácter metaficcional de la serie. Su capacidad para reflexionar sobre el creador y su obra es algo que me llega muy adentro. Esperemos que eso, la ayude a trascender. 

Doy por supuesto que la habéis visto, porque aquí va a haber spoilers, vaqueros.

ROBERT FORD


"No podemos definir la conciencia porque no existe. Los humanos presumimos de nuestro modo especial de percibir el mundo, y aún así vivimos en bucles tan rígidos y cerrados como los de los anfitriones, sin cuestionarnos nuestras opciones, conformándonos, casi siempre, con que nos digan qué hacer después".

Robert Ford es el cofundador y director de Westworld. Pero esto, de nuevo, no es lo importante. No os esperéis a un personaje como el John Hammond de Parque Jurásico, porque no lo es. Robert Ford es un personaje fascinante, único, y tan complejo que cuesta hablar de él. El misterio que lo envuelve, así como la ambigüedad en sus intenciones lo convierten en el más atrayente para el espectador, y en una pieza imprescindible para la historia, la cual se echa en falta en la segunda temporada. Es un personaje arriesgado para una serie de larga duración, porque su éxito radica en el desconocimiento de su persona, lo que quiere decir que no debe evolucionar como los otros. Eso no lo beneficiaría, sino todo lo contrario. Y eliminarlo de la trama es eliminar lo más grande de esta serie, ya que frases tan brillantes como la que he citado al principio salen de su boca. El trabajo de Anthony Hopkins es impecable, llegando a un punto en que apenas importa lo que diga. Su presencia en pantalla es tan hipnótica que nos ponemos a su merced cual anfitriones, fiándonos de él, sin importarnos lo que vaya a hacer. Aquí me gustaría elogiar también el trabajo de su doblador, Camilo García, si como yo, habéis visto la serie en español. Su voz grave, áspera y tranquilizadora, así como el propio Anthony Hopkins, me llamaron por primera vez la atención en la película La máscara del Zorro cuando la vi de pequeña. Y como no, también debo mencionar el maravilloso tema musical compuesto por Ramin Djawadi para este personaje, en el cual distingo tres partes: en la primera suena una delicada melodía con un violín que podría representar a los humanos, y al que se le une luego un piano que repite esta melodía y que podría representar a los robots; en la segunda surge una música más tecnológica; y en la tercera, la más épica, el violín del principio se junta con el piano, el cual termina sonando solo. Así pues, estamos ante un personaje que sirve para filosofar sobre la naturaleza humana, y sobre la naturaleza de Dios, que en este caso es el hombre, o más concretamente, Robert Ford. Él conoce su responsabilidad con los anfitriones y parece tener un plan para ellos, a diferencia del resto de la corporativa, que intentan destituirlo y hacer con el parque lo que más les beneficie. No obstante, y como ya he dicho, es un personaje muy misterioso y parece ser consciente también de sí mismo y de sus errores, o mejor dicho, de su naturaleza, y hace lo que sabe que tiene que hacer en todo momento, aunque otros no lo comprendan.

Lo que más me gustaría destacar es su identificación de Dios y el hombre, el creador y su obra, con un escritor que escribe los hechos. Esto está magníficamente retratado en una escena en la que Bernard Lowe, jefe de la división de programación de Westworld, quien ha descubierto que él también es un anfitrión, se rebela contra Ford. Como él no puede dañarlo, hackea a otra anfitrión, Clementine Pennyfeather, para que le dispare. Tras unos momentos de tensión, se descubre que ella tampoco puede:

"El piano no mata al pianista si no le gusta su música".

Entonces Bernard se rinde, y Ford hace que este también le obedezca de una forma... Bueno. Mejor que os lo cuente él:

"Qué lenguaje tan clínico. Preferiría una voz... más narrativa: Bernard se dirigió a Clementine, le quitó la pistola, oprimido por el remordimiento, se puso el cañón en la sien sabiendo que en cuanto el doctor Ford saliera de la sala, pondría fin a esa pesadilla de una vez por todas".

Y con esto creo que ya lo he dicho todo. Pero sigamos.

"No andan buscando una historia que les diga quiénes son. Saben muy bien quiénes son. Pero vienen porque quieren ver lo que podrían ser. Lo único que me cuenta su historia, señor Sizemore, es quién es usted".

Esta frase ilustra muy bien lo que quiero decir a continuación. Una cosa es lo que eres y otra lo que podrías ser. Y tampoco podemos hablar de voces narrativas sin incluir a este personaje:

LEE SIZEMORE 

  
"Y hay otra frase, una de esas bajabragas: Y cuando murió, el sueño murió con ella. Y no sé soñar más".

Mi atención recayó mínimamente sobre este personaje en la primera temporada, cuando estaba tan maravillada por todo lo que veía que no podía fijarme en nada, y cuando no es hasta la segunda que alcanza todo su potencial. Sin embargo, he de confesar que no sólo me sentí atraída por la profesión que desempeñaba en la historia, sino también por su atractivo personal. Lee Sizemore es el director narrativo de Westworld. Es un hombre egocéntrico, presumido, cuyas narrativas depravadas no cumplen con las expectativas de Ford, a quien sueña con sustituir. Al menos, así es en la primera temporada. En la segunda descubrimos que estuvo con una mujer llamada Isabella, quien lo dejó, y este la incluyó en una narrativa para así poder matarla en la ficción, y luego escribió una versión del hombre que le gustaría ser: Hector Escaton, un anfitrión líder de una pandilla. El final de Lee, recitando el monólogo que ha escrito para Hector, es una de las muertes más épicas y significativas que he visto nunca.

"Ese puto diálogo es mío. Y la lección es: si un enfrentamiento buscas, un enfrentamiento tendrás. Si buscas un malo, yo soy tu hombre. Mirad alrededor, porque este mundo está lleno de maldad. Dormís sobre los cuerpos rotos de quienes vivieron antes que vosotros, calentáis vuestros cuerpos con sus brasas, aráis sus huesos en vuestros campos. Les pagasteis estas tierras con plomo, y ahora os pagaré yo. Me queríais a mí, pues a eso sólo puedo responder: ¡aquí estoy, cabrones!"

Así pues, estamos ante un personaje que es la representación del escritor que escribe, pero que no vive. Y que sueña con vivir, pero no se atreve. Por eso escribe lo que sueña. Por eso Lee Sizemore es un soñador, un artista, independientemente de su carácter difícil. Y esta es la razón de que yo me identifique con él. Fuera de Westworld, claro.

WILLIAM/HOMBRE DE NEGRO


"Lo único que tenía de niño eran libros. Vivía en ellos. Me dormía y soñaba que despertaba dentro de uno de ellos. Este lugar es como una de esas historias. Quiero averiguar adónde me lleva".

Dentro de Westworld las cosas cambian. Para todos. William es un huésped recién llegado al parque, acompañante de su futuro cuñado, Logan, un visitante habitual e hijo del fundador de Delos. William y Logan son muy diferentes. En Westworld Logan sólo parece interesado en los prostíbulos y los asesinatos, mostrándose tal y como es. William se comporta de un modo mucho más serio y prudente, incapaz de dejarse llevar por sus impulsos como su futuro cuñado. Hasta que conoce a Dolores Abernathy, la anfitriona más antigua que todavía trabaja en el parque,  y se enamora de ella. También descubre las misiones de cazarrecompensas al salvar a Clementine de un tiroteo, interesándose así por desempeñar el papel de héroe. La historia de William con Dolores es la trama más romántica de toda la serie, pues el personaje de ella se muestra como un sueño, como un ideal inalcanzable. La belleza de la actriz está resaltada casi siempre por un aura angelical imposible. Al dejar caer su lata de leche por accidente, semeja una princesa dejando caer su prenda ante un caballero. William desea ser ese caballero, pero cuando las cosas no salen como él quería, cuando pierde a Dolores porque esta lo olvida al ser reiniciada, cuando tiene que aceptar que Westworld es sólo una fantasía que se desvanece, no lo consigue.

"Llevo toda mi vida fingiendo. Fingiendo que estoy donde debo estar. Así es mi vida. Una buena vida, la vida que siempre he querido. Pero vine aquí y vislumbré por un segundo una vida en la que no tengo que fingir y en la que me siento realmente vivo. ¿Cómo volver a fingir sabiendo lo que siento aquí?" 

Frustrado por no poder llevarse a Dolores a su mundo, pronto descubre que el parque le ha enseñado lo que podría ser, o lo que es lo mismo, lo que es en realidad: un sádico veterano que busca descubrir los secretos más íntimos de Westworld: el Hombre de Negro. Y este cambio también se ve reflejado en el exterior, en el color de su vestimenta, que pasa del blanco al negro. Se podría decir que William se convirtió en Logan. Pero no. Se convirtió en algo peor. Logan era impulsivo e irracional, un comportamiento derivado de la mala relación que tenía con su padre, James Delos, la cual se muestra fugaz y brillantemente en la segunda temporada. El Hombre de Negro, por el contrario, es frío y recto, sabiendo qué hacer en todo momento para conseguir sus objetivos. Este comportamiento unido a la maldad descubierta en el parque da lugar al peor mal de todos: el mal racional. Al menos, sólo cuando está dentro. Aunque él y su familia no se llevan bien. Y su historia podría ser perfectamente la mía. O la tuya. O la de cualquiera que se deja llevar por sus anhelos. Eso es lo que representan el Hombre de Negro y William: los sueños y la realidad. Porque si hay algo seguro en este mundo, es lo difícil que resulta compatibilizar lo que uno sueña con lo que uno puede hacer realmente.

Puedes "ver" esta entrada aquí: https://www.youtube.com/watch?v=2gwTKi_HWMw

Comentarios

  1. OK todavía no lo he leído todo pero lo leeré un beso muy bien

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    1. Léela cuando hayas visto la serie. ¡No te spoilees!
      Un beso.

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    1. Gracias. Es la entrada que más trabajo me ha dado de todo el blog por el momento, pero estoy muy orgullosa con el resultado. He dejado un cachito de mi alma en ella, jeje.

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  3. ¡Qué gran entrada, Aida!

    Me ha gustado mucho. Está genialmente redactada. A mí también me mola Westworld un montón, ya lo sabes. Precisamente el desarrollo del personaje de Lee en la segunda temporada también me pareció de lo más interesante, aunque es una lástima que no le sacasen más partido. Da mucho juego su papel como escritor dentro de un mundo en el que las historias lo son todo. Eso sí, como tú bien dices, Ford es un personaje espectacular. Su presencia eclipsa por completo al resto. Solo un maestro como Anthony Hopkins podría hacerlo resultar coherente y sólido.

    La serie está derivando poco a poco hacia la libertad y la trascendencia de los anfitriones, alejándose de ese entramado y estructura más de "videojuego" que poseía la primera temporada y que tanto me gustaba, pero aún así goza de mucho interés y tengo curiosidad por ver hacia dónde irán próximamente. Pueden hacer grandes cosas. =)

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    1. Muchas gracias, Daniel. Me alegro de que te gustara. Westworld es una gran serie por todas estas razones. Y yo he demostrado en mi entrada que son más interesantes los humanos que los robots. O es que simplemente los entendemos mejor. A mí personalmente no me gusta nada que los robots sufran pero... si gracias a eso existe Westworld... pues... Bueno. Qué se le va a hacer, jajaja. Y... ya sabes. Cuando quieras colaboramos juntos en un vídeo sobre la serie. ;)

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    2. Y aquí está la colaboración: https://www.youtube.com/watch?v=2gwTKi_HWMw

      ¡Muy orgullosa con el resultado!

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